La cúpula de hierro hoy se forja aún más fuerte. Para protegerme los envites en forma de palabras, de bromas y de risas inocentes.
Hoy toca armarse hasta los dientes con retórica irónica y bromas ácidas. Para poder disolver el deseo y las ganas y fingir que todo es neutro y sin gracia.
Es momento de movilizar al ejercito de la razón y despejar el campo de batalla que ha sido siempre mi corazón. Dejarlo yermo y arrasado, completamente vacío y despojado de anhelos, de emociones y pasión. Que allá por dónde pases, no encuentres un rincón donde esconderte.


Deja un comentario