Todo empezó de manera tímida. Un breve saludo. Recordando tiempos pasados. Una sonrisa y un mensaje alegre. De repente, todo se torció. La pasión empezó a salir por cada poro de su piel. Los mensajes se multiplicaron y comenzaron a aumentar la velocidad de sus dedos.
Ella estaba disparada y no podía sentir más que un ardor en su corazón. Que salía de sus dedos, pasaba por todo su cuerpo y salía entre sus labios.
Él le siguió el juego desde el primer momento. Supo exactamente lo que ella estaba buscando y se lo dio. Se lo dio y luego se lo quitó. Y bendito error. Ella quedó completamente enganchada a sus palabras, a sus halagos, a sus atenciones.
Pero de repente, frente a la insistencia de ella, él, una vez más, se echó atrás en el último momento. Ella decidió en ese momento que ya no le iba a dar más oportunidades. Solo deseaba verle una vez más, mirarle frente a frente y tener una conversación con él. Desearle lo mejor y salir a caminar en completa paz.


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