Te amarras, te enredas, te olvidas. Inventas ilusiones, historias, canciones alegres. Bailas, ríes. Pero en realidad tu mente quiere huir. Huir de todo ese dolor que sientes. Cuando piensas en que cada día es un día más que te aleja de todo lo que tuvisteis. De todo aquello, tan precioso y preciado que construisteis. Eso que ahora ya no amas, ni deseas. Eso que has querido ahogar por el bien de todos. Por qué dolía demasiado ver en sus ojos tanto amor, tanto cariño, tanto deseo y anhelo y en los tuyos tan solo el frío reflejo del desamor.
Nadie merece que le miren con esa fría mirada de la indiferencia, del «estoy cansada», del «no me pasa nada». Por eso diste el paso. Para, por fin, poner las cartas sobre la mesa y que a él no se le pudriera el amor en su corazón.


Deja un comentario