Aquella tarde se encontraron de «casualidad». Lo que él no sabía era que ella, media hora antes de que él saliera, había ido hasta la misma puerta de su trabajo solo para verle salir.
Ella estaba temblando por los nervios de verle y también por el temor de que se enfadara o sé molestara por haber irrumpido de esa manera en su vida.
Cuando él salió de su trabajo, su cabeza miraba hacia abajo. Iba pensando en sus cosas y, últimamente, sus cosas eran ella a todas horas.
Sus ojos se encontraron por fin. Hacia muchos años que no se aguantaban la mirada. Pero todo fue exactamente igual como habían imaginado.
Una tensión repentina entró en el cuerpo de ambos. Su mirada no podía despegarse de sus ojos. Sus pupilas jugaban una batalla de egos y de pasión.
Ella fue la primera que se decidió y dio los primeros pasos hacia el cuerpo tembloroso y nervioso del chico que tenía enfrente.
Hola – sus mejillas se encendieron al instante. Las de los dos.
Hola – dijo él sin poder quitar su mirada de ella. La recorrió de arriba a abajo y supo que ya estaban perdidos.
¡Cuánto tiempo! ¿No me vas a dar un abrazo, amigo mío? – su voz jugueteo con la palabra amigo. Como si pudiera saborearla, como si pudiera cambiar su significado. El que ellos le daban para autoengañarse.
Él no pudo controlar su cuerpo cuando ella se abalanzó contra él y recibió su abrazo. El vello se le erizó y sus cabezas se acercaron más de lo recomendable.
Durante aquel abrazo, que duró más de lo normal, se dieron palmaditas y caricias en la espalda. Cuando los dos decidieron que tenía que terminar, sus cabezas se fueron separando y sus ojos volvieron a encontrarse. La tensión ya era insoportable. Los labios se fueron abriendo, sonrisas tímidas y el corazón a mil por hora.
Ambos sabían que eso no podía ser. Ella estaba con alguien y él también. Había una barrera moral que los separaba. Ella se mordió el labio de manera pícara y el se los miró con deseo. Se volvieron a mirar y supieron que los ojos se besan mucho antes que los labios. Y ellos llevaban años besándose sin tocarse.


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