No hay más

1–2 minutos

Silencio. Solo silencio. No sabía que la falta de estímulos podría hacerte sentir tanto. No sabía que tener las manos tan quietas podía darte tanta paz. Tanto placer. Tantas sonrisas.
Porque te he descubierto por fin. Ahora entiendo que aquel que yo tenía en la mente, no eras tú. Era yo. Una parte de mi utilizando tu rostro, tu voz, tu cuerpo. Para decirme lo que yo quería oír. Para sanar y cerrar el pasado.
Pero no. Aquel no existe. Está hecho con el material de mis pensamientos. No de carne, hueso ni sangre. Su corazón no late, sus ojos no miran, su pecho no respira.
Porque el real no es como lo imaginé. La realidad es mucho más dura. Porque ese interés genuino no está, no estuvo jamás, no estará. Solo había control, poder, saberse impune de todo amor y pasión. Dejar atrás cadáveres emocionales. Absorber las fuerzas y los sentimientos. No dejar más que una cáscara vacía.
Pero mi rabia ha conseguido resucitarme. Conseguir que me exprese y me levanté. Sacar esto de mi pecho y ponerlo en palabras. Vomitar los verbos y los versos para dejar mi cuerpo listo para recibir la ilusión del futuro con los brazos abiertos.
Un futuro donde solo estoy yo y mi paz. Un futuro donde ya no hay sitio para ti. Como nunca debió haberlo.  


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