Silencio no deseado

1–2 minutos

Ante el silencio no deseado, primero sintió rabia, luego desesperación, tristeza, añoranza. Se resistía como una fiera, con uñas y dientes. Quería saber, quería ruido y palabras que amortiguaran tanto silencio.
Hasta que aprendió a alejarse un poco del lienzo. Y empezó a ver la pintura completa y no las pinceladas. Empezó a ver patrones en si misma y en el otro. Y se dio cuenta de que la falta de música, voz y frases le proporcionaba, cada vez con más fuerza, una paz que hacía meses que no degustaba.
Porque, te diré algo. A ti, si a ti que me estás escuchando. Lo que se nos impone con crueldad, a veces nos llega a gustar. 


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