Aburridos e indiferentes

2–3 minutos

Ahora mismo estoy tecleando esto en el ordenador. Sin sentido, sin dirección. Deseando que lo leas, o que no lo leas. Las dos cosas a la vez y al mismo tiempo.

El café se enfría a mi lado. Indiferente y burlón. No quiero ni seguir tomándolo.

Creo que me duele que todo esto se vaya diluyendo como un azucarillo. Que vaya volviéndose cada vez mas mundano, más aburrido, menos intenso, menos cotidiano. Saber que estabas en mi vida y que todos los días iba a saber de ti me hacía las mañanas un poco más alegres. Ahora se que ya no estás interesado.

Porque viste mi determinación. La leíste en mi mirada y supiste que esa mujer que te deseaba, que te quería, que anhelaba estrecharte entre sus brazos ahora estaba dormida. Sigue ahí, en el fondo. Pero no la puedo dejar salir porque sería mi fin. Nuestro fin.

Casi prefería la historia melodramática y grandilocuente donde tu y yo dejamos de hablar para siempre y me recuerdas de una manera épica. Donde la distancia se acelera y el duelo escuece, arde, duele a rabiar… pero al menos es mejor que esta indiferencia anodina e insana que me corroe por dentro.

Ahora que sabes que nada mas puedes conseguir si no das un paso al frente, es cuando decides que te vas. Que estás pero no estás. Que me pasas a saludar de vez en cuando cuando te sientes solo pero no quieres recurrir a ningún analgésico del alma. Cuando no tienes otros brazos que abrazar y te conformas con recordar los míos.

Ya no hay fotos, no hay mensajes cariñosos, no hay nostalgia, no hay deseo. Solo un frio invierno entre nosotros. Pero ¿qué estoy diciendo? es mejor así. Es preferible para mi que esto quede así. ¿Por qué estoy sufriendo tanto ahora por algo que no va a ser jamás?

Si volvemos a la asiduidad de los mensajes, a la ilusión de fondo, a los saludos de buenos días y las fotos a las 2 de la mañana, todo se saldrá de nuevo de madre. Empezaremos a hablar de «guapo», «sexy» y preciosa y finalmente acabaremos… en fin. Que mi ropa quedará hecha un ovillo a nuestros pies mientras tu y yo hablamos sin palabras. Ya me entiendes. Y vuelta a empezar.

Es mejor así. Pero no es mejor así. Lo prefiero pero lo detesto. Me tranquiliza pero me aburre. Me angustia pero me alegra. Irte soltando poco a poco es lo más sano pero ¡ay! como duele arrancarse la tirita poco a poco.

Preferiría siempre un corte limpio antes que las microheridas de la indiferencia clavándose por mi piel. Así al menos, podría recordarte como el gran hombre que me puso la piel patas arriba. Como aquel que, en la oscuridad de la noche me hacía recordar con mis manos esos ojos entornados y en la parte trasera de tu coche mientras nos amábamos como dos condenados.

No como el contacto muerto en mi agenda al que felicitar en los cumpleaños.


Comentarios

Deja un comentario