No sé ni quién eres. Ni que aspecto tienes. Solo se que ahora estás sobre mi. Besando mi piel, acariciando mis ganas y escuchando como mis gemidos se cuelan por mis poros.
Vas a entrar y arrasar con todo. Lo vas a poner todo patas arriba. Una vez más. Ya van tres en lo que va de noche. Y no me canso. Jamás me canso. Tú tampoco.
Locos de pasión estamos quemando está cama. Y otra vez más.
Cada centímetro de mi cuerpo queda arrastrado por tu aliento. Solo te noto bajando y subiendo por él. El calor me invade y en mi pelvis se concentra el ardor de esta noche eterna. Mi cuerpo se vuelve líquido y mi boca se abre para dar paso a un ruido lleno de placer.
Aquí estás otra vez. Dentro de mi. Profundo. Muy profundo. Donde llegan tus besos y tu mirada.
No quería que volvieras a aparecer y apartaras al hombre desconocido. Otra vez no. Pero vuelves a ser tú. Siempre vuelves. Siempre dentro de mi. Literal y metafóricamente.
Ahora ya no eres alguien que no tiene efecto sobre mi corazón. Ahora eres tú invadiendo otro cuerpo, otros ojos, otras ganas. Pero siempre vuelves. No quieres irte de mis entrañas. Solo esperas a que llegue mi éxtasis para parar en ese momento y decirme que me jodan y que tú rabia explota contra mi cara. Qué me vas a dejar a medias una vez más. No me vas a dar ese orgasmo tan deseado. Lo cortas.
Y te vas lleno de orgullo herido. Con tu miembro aún erecto y con restos de mi cuerpo. Con mi sabor en tu boca. Queriendo terminar pero no pudiendo solo por joderme. Prefieres no alcanzar el cielo conmigo solo por verme arder en el infierno sin tí. 


Comentarios

Deja un comentario