Baile prohibido

1–2 minutos

Una pierna. Asoma por detrás de una cortina. Se mueve sugerente mientras el público espera el espectáculo.

Él lo espera. Sentado en una silla al fondo de la sala. Sabe a quién pertenece esa pierna. La visualiza, imagina el cuerpo que le sigue. Lo conoce bien. Lo ha recorrido muchas veces.

En la oscuridad, en la luz. Sentado, encima, debajo, de pie, de rodillas. Al frente, de espaldas. Se lo sabe de memoria. 

Y ahora no lo puede tocar. Está prohibido. Y esa pierna sugerente, ese espectáculo que está apunto de presenciar, esa música suave que suena en la sala se lo recuerda.

Ella sale. Espectacular. Sus ondas rojizas y las pecas que impregnan su cara iluminan la estancia. Se mueve de un lado para el otro. Parece que le mira. Si, le está mirando. A él. Y él lo siente. Lo percibe. Sabe que ella ha fijado sus ojos color miel sobre su rostro. 

Se frota nervioso la barba y sonríe tímido. Aquella mujer le sonríe y le saluda ligeramente. Sigue bailando para todos. Para todos no. Para él. 

Los dos fingen que no saben de que va aquello. Él le guiña un ojo, amistoso. Ella sonríe. También amistosa e inocente. Pero en sus mejillas aparece un ardor muy poco amigable. Mucho deseo entre esos ojos que se miran. Demasiada tensión. A ver cómo relajan esto ahora.

Ya está. Respiran ambos a la vez. Se tranquilizan mientras ella sigue con su show. Se contonea y se retuerce al son de la música. Se calman… ¿Se calman? No. Se dicen a ellos mismos que están bien. Que no pasa nada. Que solo es una función. 

Pero ambos saben que no es verdad…. Aunque vamos a guardar todos su secreto. Shhhh


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