Barrera moral frágil

1–2 minutos

Ese sentimiento intenso que nace en mis entrañas. Ese pinchazo extremo que me inquieta cuando veo tu mensaje. Esa profunda decepción y vértigo cuando todo termina por difuminarse en cada palabra. Cuando empezamos con sonrisas y palabras inocentes y acabamos revolcándonos por el barro dialéctico.

Ilusión, atracción, rabia, sorpresa, decepción, desilusión… Todo eso siento en una misma conversación. Palabra a palabra me vas tejiendo a tu piel. Pero eso tiene que acabar. Voy a descoser hasta el último hilo, hasta el último pespunte y hasta el último momento. Voy a desdescir todas aquellas palabras que, desesperada y asustada, vomité a tus pies. Cuando mirarte era un reto y tenía que levantar la cabeza para poder dirigirme a ti. 

Pero todo eso se acabó. Ahora me pongo en pie y con toda mi rabia cierro los puños. Te sonrío de manera inocente. Si, tú sabes de qué manera digo. Esa inocencia impura que tanto te gusta. Me muerdo los labios hasta sangrar y trago mi lengua para que no siga pronunciando todas las palabras que quiero decirte. 

La barrera moral me impide lanzarme a ti y no mirar atras. Aunque pensándolo mejor, ya no quiero. Me voy corriendo hacia el lado opuesto de la habitación. No quiero mirarte, tampoco quiero dejar de hacerlo. No sé que más puedo hacer para sacar de mi pecho este deseo enfermizo que no me deja dormir. 

Fingiré que toda está decepción es una música de fondo. La aceptaré y, poco a poco, toda está vorágine se disipará y se alejara de mi pecho. Empezaré a respirar y veré que, en el fondo, solo eres un ser humano. Y que no eres para tanto. Y que yo tampoco lo soy. Que puedo chocarte la mano y no sentir nada más que una amistad.


Comentarios

Deja un comentario