Brillo especial

1–2 minutos

Ella no entiende porque se alejan. Cuando solo mira, cuando solo extiende sus alas y se muestra con toda su intensidad.

Pero es que a mí me tiene enamorada. Me tiene alucinada y emocionada. Si pudiera verse a través de mi ojos puros y observar todo lo bello que tiene en su ser.

Ella no sabe porque él le gira la cara. Porque se va durante días… Pero luego vuelve. Atrapados en un eterno bucle, en un muelle emocional sin fin. A él le da más poder. A ella la destroza.

Pongo un espejo frente a ella. Donde puede verse reflejada y poner en contexto cada detalle. Saber qué peso y que importancia dar a cada cuál. Cuidarse y priorizarse. 

Queda emocionada. Sus alas, sus colores, sus ojos, preciosos y brillantes, lucen fuertes ante la luz del sol. ¿O será su luz interior? No lo sabemos pero la disfrutamos.

De repente un mensaje. Un tono diferente. Su nombre en la pantalla. Y su luz se apaga al instante. Eso le hace ese miserable. Robarle toda la energía y quedarsela para él. 

Lo observa. Se observa. Con detalle, con fiera ira que sale de cada poro de su piel. Esa belleza que segundos antes irradiaba su ser, ahora no es más que una sombra tenebrosa, pálida y apocada de lo que ella es. Tenemos que cortar ese drenaje de energía.

Ese mensaje quedará sin leer. Su nombre se borrará de su móvil. Sus sonidos se consumirán para siempre en el fondo de un pozo de indiferencia. 

En cuanto todo eso ocurre, su luz vuelve. Él siempre le decía que ella era el problema: demasiado intensa, demasiado dulce, demasiado transparente, demasiado… Para él.

Ella alza la voz. Poderosa, valiente, firme y decidida. Y de su boca salen las palabras más ciertas que jamás haya escuchado:

– Y dime ahora, pequeño capullo. Si yo era el problema, ¿porqué luzco tan brillante sin ti?


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