Cadenas rotas

1–2 minutos

Una cizalla rompió sus cadenas. Las que le unían a una idea. A una idealización. A un pedestal.
Aquella tarde que compartieron, risas y confidencias pudo verle de verdad. Quién era él tras aquella fantasía que se había montado en su cabeza.
Un ser humano. Un hombre. Con sus virtudes, sus miedos, sus alegrías, sus penas y su incertidumbre. Y ahí, frente a frente se cayó su pedestal.
En la cabeza le dió y pudo romper aquellos sueños de tardes eternas en una cama, de besos y abrazos en largos paseos, de sofá manta peli con unas pipas sintiéndose tan suya como él de ella.
Fue necesaria la cizalla. La realidad vista con su peor cara. O su mejor cara. Quién sabría. Lo único que ahora podía pensar era en que él y ella podrían sonreírse y contarse la vida de tanto en tanto mientras sus corazones quedaban guardados detrás del telón. 


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