Oh canto triste. Surcado de recuerdos, de montañas y de nubes con formas que no sabría determinar.
Tumbada en el suelo, manchada de barro y apoyada en esa roca. Mirando al mismo cielo e imaginando las mismas fantasías. La diferencia es que ahora no estás a mí lado. Estoy sola.
Oh canto triste. Bañado por la luz de la luna eterna que brilla en este cielo estrellado. Poeta de mis entrañas, palabras que brotan de mis dedos sin sentido. Impulsadas por una tristeza sorda, no punzante, no insoportable pero lo suficientemente sólida como para quedarse atorada en medio de mi garganta. Cuesta tragar. Cuesta seguir paso a paso, día a día. Acordándome de que cada minuto te entierro más en mi memoria. Qué cada instante es uno vivido sin tí.
Podrás pensar que soy exagerada, que hablo demasiado, que escribo cosas salidas de una cabeza poco lúcida. Pero te juro, te juro que nada más verdadero ha salido hace tiempo de mi alma.
Dramático, si. Intenso, si. Exagerado, puede. Tal vez en meses vuelva a visitar estás letras y me ria de la desesperación con la que hoy redacto. O puede que no.
Lo que se es que recordaré este momento como la sanación de algo que viví como verdad. Como algo que pude tocar, sentir, palpar, paladear y saborear. No es solo por ti. No te me hagas el chulo. No te me vengas arriba y te pienses el centro de mis pensamientos. No te creas poseedor de mis lágrimas nocturnas. Porque todo viene con carga vital propia. Con emociones sin contenedor que necesitaron de tu risa para liberarse. Con sensaciones que potenciaste con tus manos sobre mis muñecas.
No te creas el centro de este dolor. Lo negaré en público. Aunque secretamente te confiese que él te pertenece.


Deja un comentario