Carrera de obstáculos

2–3 minutos

Corres. Y yo corro detrás. Y ya no sé qué hacer para alcanzarte.
De repente me giro y me alejo de allí, caminando tranquila. Y tú que seguías corriendo te giras. Y me miras desconcertado. Aparecen dos hombres a mí lado. Son dos señores que están interesados sexualmente en mi. Me agarran caballerosamente de ambos brazos cada uno. Yo sigo caminando con dos hombres atractivos a mí lado pero con mi cabeza girada mirándote. Tú ahora estás parado. Con la gasolinera a tu izquierda. Y entras a buscar un dulce.
Sales y yo sigo en el mismo sitio. No me he querido mover. Los hombres me están hablando y contando cosas seductoras al oido. Tocando mi cuerpo de manera sugerente.
Y me muerdo el labio y los miro brevemente para sonreírles. Sigo con mis ojos puestos en ti.
Aparece una mujer atractiva y te rodea dos veces. Te mira pero tú sigues mirándome. Desvías la mirada un par de veces para mirarle el culo y te muerdes el labio, pícaro.
Y te sonrió tímida y te guiño un ojo. Ambos seguimos con nuestras seducciones correspondientes.
Otra mujer llega y te rodean. Empiezan a acariciarte y tú me miras. Tus ojos están encendidos. Tú lengua se relame.
Y dejas de mirarme. Empiezas a mirarlas a ellas con deseo. Y yo quiero soltarme de estos dos hombres. Pero no me dejan. No sueltan mis brazos. Me dicen que te olvide. Y yo queriendo zafarme.
Tu ya estás besando a esas mujeres. Aunque de reojo me miras de vez en cuando. Yo grito de rabia. Y uno de los hombres me agarra la cara y me besa. Yo le beso con pasión encendida. Con ira. Y te miro de reojo. Estás encendido y excitado.
Corro hacia ti en un despiste de mis hombres. Pero entonces una amiga tuya, joven pelirroja. Me para y me dice que te deje tranquilo. Que ahora te toca disfrutar a tí. Que yo quise cerrar toda relación, así que ahora me toca pagar las consecuencias. Y que mi condena es verte tener sexo con esas dos mujeres.
Ahora estamos en una habitación roja. Yo sentada en una silla. Viendo un espectáculo. Tú empiezas a desnudarlas. A lamerlas, a besarlas. A desbordarse frenéticamente. Así que ese aspecto tienes desde fuera. Yo siempre te he visto desde dentro. Muy dentro. Mis mejillas arden y reconozco que me estoy excitando.
Porque se que tú cuerpo es de ellas pero se que tú corazón sigue siendo mio. Aunque no quieras reconocerlo, aunque pongas defensas férreas para negarlo.
Me arranco los ojos porque no quiero seguir viendo este espectáculo. Pero se reinsertan en mis cuencas otra vez. Casi como un bucle vuelvo a sacarmelos y otra vez se vuelven a insertar. No me queda más remedio que verte tener sexo con esas dos mujeres.
Yo estoy excitada pero incomoda. Tú me miras por momentos. Y yo me arrepiento de haber dejado escapar a cualquiera de esos dos hombres. No recuerdo como se llamaban, solo sabía que eran cuerpos con los que poderme sacar tu piel de la mía. Ahora solo me queda esperar a que termines. 


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