Mensaje. Notificación. Tono de algo que me dices. No sé qué tienes para mí. ¿Qué sorpresa me traerás hoy?
Mi sonrisa se plasma en mi cara en cuanto veo tu nombre en mi móvil. Porque se que viene algo divertido. Algo ilusionante. Aunque también algo doloroso.
Esos ojazos que dejaron de mirarme hace tiempo. Habrá que llamarte amigo. Habrá que seguir hacia adelante y fingir que me alegro por ti y por los besos que no me das.
Pero si. Es lo mejor así. Es la salida más digna. La solución más lógica y la respuesta más fácil. Olvidarte para siempre y sacarte de mi cabeza. Poder alegrarme por fin de lo que te ocurra lejos de mí.
Poder definir de nuevo la palabra «amistad» y darle el significado más puro que siempre debió tener. Desearte lo mejor, depurar el dolor y seguir hacia adelante. Sin mirar atrás.
Aunque a quien quiero engañar. Siempre tendrás una rendija abierta. Pero tendrás que abrir tu mismo la puerta. Si realmente lo deseas algún día. Si realmente quieres tocar mi cara con tus manos y mirarme a los ojos.
Yo no puedo luchar más. Tiro mis armas y dejo la arena.


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