Y de repente tus manos. Reptando lentamente por mis piernas, tu mirada pícara y tu sonrisa traviesa. 

Esa oscuridad que nos envuelve y los suspiros que se escuchan en la sala mientras la película pasa frente a nuestros ojos. Empiezo a no enterarme de nada. No con esos dedos deslizándose suavemente bajo mi falda. 

Me muerdo el labio y te miro de reojo. Te ríes pero miras al frente. Como en una especie de duelo para ver quién aguanta más, para ver quién cede antes o quien permanece sin inmutarse.

Eso hace que mi corazón se acelere aún más y mi cuerpo se vuelva líquido, que sienta ardor en mi centro y ganas de salir de allí a toda prisa.

La pasión se concentra en mi pelvis y mis labios se abren mientras sonrío. Ya el filme da igual. Me acerco y te beso, te muerdo el labio y tus ojos se clavan en los míos. Me paso la lengua por mis labios y te digo algo inconfesable al oído. Tú me rodeas con tu brazo y pones esa media sonrisa.

Termina la película y nos vamos corriendo a devorarnos a tu coche. Esto no puede quedar así 


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