Tantas palabrotas, tanto postureo, tanto morritos y una forma de hablar un tanto kinky.
Todo para ocultar un alma sensible, intensa y con tendencia al drama (sano, claro). Una mujer que necesita recordar las risas y el dolor. El llanto y tus ojos. La ternura y la ansiedad.
Alguien que necesita colgarse de la memoria melancólica para escribir sus mejores textos. Sus mejores obras.
No me culpes. No te canses. No te juzgues. Me estás viniendo de perlas para que mi creatividad se mueva por mi cuerpo, repte por mi mente y acabe en mis dedos contándote esto.
No te creas, que hay mucho de mi propia cosecha. Algo que aderezo con mucho aceite y tomate recién hecho. Y me lo como en una tostada crujiente.
Pero déjame un rato más con mis cuerdas. Déjame un poco más aquí, en el dolor. Como ese placer que uno encuentra al tocarse una herida. El analgésico natural es para mí escribir. Y aún tengo margen de maniobra hasta que mi mente limpie los restos del naufragio y quedes como un recuerdo del pasado.
Créeme, tengo que exprimir esto. Escribir hasta reventar, sacar mi ternura por cada poro y decir todo aquello que reprimí tanto tiempo en mi vida. Palabras no dichas, caricias no dadas, besos no lo suficientemente largos.
Ya tendré tiempo de volver a la sobriedad de la rutina. A la falta de disponibilidad, a la falta de recursos. A la estructura gris del día a día. Dejadme sola con mi escritura, mis recuerdos y mis risas. Aferrándome un poco más. Como esa alarma que pospones 5 minutitos.
Hoy voy a tirar el despertador y dormirme de nuevo. A ver si vuelvo a soñar con tu sonrisa.


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