¿Cómo quieres que no sienta que el suelo se mueve bajo mis pies? ¿Cómo pretendes que agarre los nervios, los guarde en una caja y siga sonriendo?
¿Acaso lanzarse a la vida así, sin frenos no da miedo? Claro que lo da.
Cuando llevas toda la vida respondiendo y respirando desde la herida, desde esa impotencia y sintiéndote encerrada en ti misma.
Liberarse y caminar es complejo. Es difícil y da miedo. Cómo esa cría recién nacida de cualquier animal salvaje que, temblorosa y asustada, da sus primeros pasos. Cuando posa sus patas sobre el suelo firme, todo su cuerpo cae. Todo se desmorona pero ella sigue intentándolo. Sigue queriendo dar cada paso.
Conocedora de que cada esfuerzo le acerca más a su meta. Qué cada pisada le da mayor libertad y, guiada por su instinto, se dirige hacia adelante.
Porque ahora dime, ¿cómo pretendes que no se me acelere el corazón cuando te tengo delante y me sonríes de esa manera?


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