Como me gusta saciar mi sed interna con tus recuerdos. Si, joder. No debo. No puedes saberlo. No deberías.
Se que juré no volver. Y la puerta debería estar cerrada pero no me puedo resistir a pensarte. Y ya no es romántico lo que emanan las imágenes de mi mente. No es dulce, no es tierno, no es con cariño.
Es lento, es apasionado, poca luz y mucho cuerpo. Besos mojados y mordiscos rabiosos.
Por tu cuello, tu pecho. Quitándote la ropa con hambre. Arrancandome lo que tengo puesto mientras me miras con esas ganas. Sin casi palabras, sin decir nada. Solo dejándonos llevar.
Con mis manos pasando por tus brazos y tu sobre mi. Entrando en mi alma sin pedir permiso.
Calor ardiente que viene y va mientras subo por la pendiente y haces que me acerque sin remedio al abismo.
¿Crees que podemos vernos sin que nuestras pieles griten? Me parece que sabes bien la respuesta.
Recuerdo bien esa pared que miraba al vuelo mientras tu suspirabas a mis espaldas. Como agarrabas mis manos y me mantenías presa de tu fuerza. ¿Lo recuerdas? Claro que lo recuerdas. Igual que mis manos ahora. Escribiendo y sin poder parar hacia mi centro ya inundado.


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