Limpiando

2–3 minutos

Empiezo a fregar el suelo. Está cubierto de sangre. Está seca y su olor a hierro se me mete hasta el cerebro.
Me miró las manos y están manchadas. Un arma punzante está apoyada en la encimera. He hecho algo, algo horrible. Pero no recuerdo bien el qué.
Miro en las habitaciones, desesperada. Y lo veo. Es… Un cuaderno. De él emana la sangre. No tiene ningún sentido. Sus paginas están impregnadas del líquido vital. Y están rasgadas y con marcas del cuchillo. Lo abro de par en par. Está escrita mi historia en él. Y con ella las imágenes preciosas que tengo grabadas en mi memoria. Esos recuerdos vividos que tanta felicidad me dieron en el pasado.
El cuaderno está caliente. Ardiendo. Y tengo que soltarlo y dejarlo sobre la cama de nuevo. Pero me doy cuenta de que la sangre no para. Como en una hemorragia masiva. Todo lo inunda. Yo quedo cubierta y completamente sumergida.
Salgo a trompicones hacia el pasillo y allí estas. De nuevo, tú. Te conozco ya demasiado bien. No abandonas ni mis fantasías.
La diferencia es que ahora no te veo la cara. Pero se quien eres. No podías ser otra persona. Tus manos están también cubiertas de sangre. Y en tu pecho veo puñaladas. Como si hubieras salido del mismo diario para materializarte delante de mi. Me pides que vuelta a leer el cuaderno. En la página 7.
Ahí esta. Un tremendo Girón en medio de tu nombre. Se lee quién eres, quien eras, quién fuiste para mí. Me importas que te deje morir en paz, que te deje marchar. Quieres ser libre y dejar de estar retenido en ese cuaderno.
Yo te ignoro, enfadada. Me dirijo a la cocina para seguir limpiando. Pero ahí estás tú. Herido y apoyado en el marco de la puerta. Sangras cada vez más pero no terminas de morir. Y me lo vuelves a pedir. Desesperado, doliente, agonizante.
Yo no quiero dejarte marchar. No así. Mereces una muerte más honrosa.
Vuelvo a escribir tú nombre en una hoja del cuaderno y veo como tus heridas sanan de repente.
Entonces, simplemente arranco y sumerjo el papel en el cubo de la fregona. Con agua limpia, caliente y jabón recién hechado. Veo como esa hoja se va deshaciendo en el agua. Y tú vas desapareciendo ante mis ojos.
Yo sigo como si nada, limpiando la sangre. Pero estoy llorando por dentro. 


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