El mar del norte fue testigo. Se escuchaban sus tonterías, sus risas y sus bromas.
Caricias y besos, cuerpos entrelazados, suspiros y gemidos. El norte y el sur. Arriba y abajo. Volvían una y otra vez. Sin poder parar, sin querer parar.
Recuerdos intensos, intermitentes que acudían a su mente cuando el olor a mar llegaba. Cuando el viento del norte le traía su risa encapsulada.
Y llegará el momento que no sé puede mencionar.


Deja un comentario