Gotas de agua. Primero comienzan una a una. Más cantidad, me mojo. Me empapo y ahora llueve.
Estoy en una sala. Completamente azul. Azulejos en las paredes. Blancos y pequeños. Tocó una de las paredes. Uno de los lados me corta en el dedo. Una herida diminuta pero que sangra. Me chupo el dedo y me giro. Un espejo sucio, con manchas negras que aumentan de tamaño y me invaden.
Estás manchas se pasan a mi piel. Ahora estoy desnuda y con suciedad en mi piel. No me la puedo quitar. Mis uñas están completamente impregnadas de algo negro. Me rasco rápido y mi piel se escama. Entre la negrura y las heridas que yo misma me provocó. Ahora soy un monstruo. Horriblemente fea.
No puedo seguir contemplando ese rostro en el espejo ni un minuto más. Me encontró sola en esta habitación y no puedo salir.
Una foto tuya en las alturas. Parece lo único que permanece limpio y luminoso en esa estancia. Yo la observo y me observo. Mis manos, mis pies, mi cuerpo. Todo está completamente amorfo. Ya no tiene el tacto suave habitual. Pero no me asusto. No, porque se que así volveré podré ser invisible a tu mirada. Déjare de ser deseable.
Me siento. La foto se cae de la pared y se mancha también. Tú rostro sonriente se tiñe de negrura.
Vuelvo a ver otra imagen. Está vez es mía. Mi rostro feliz y luminoso se muestra en esa pared. Colgado en un precioso marco. Se porque estoy sonriendo. Porque estaba contigo. Aquel día que lo pasé tan bien. Recuerdo perfectamente lo que hicimos. Lo que vivimos. Lo que sentí.
Echo de menos aquella imagen. Aquel momento que ya es pasado. Qué ya queda atrás en el tiempo. Lloro sin pausa. Sin contención. Y el agua me invade. Ahora es cálida, mansa. No me ahoga, solo me limpia.
Mis manos vuelven a ser las de siempre. Sigo sola. El azul de las paredes se vuelve más apagado y yo me levanto. Mi cuerpo vuelve a sus formas. Mis ojos son ahora los tuyos. Y me observo en el espejo. Soy tu. Me veo con tus ojos y me tocó. Te tocó. Te abrazo, me abrazo. No sé ni lo que hago.
Intento pensar en mí misma y observar que siente este cuerpo ajeno donde ahora estoy metida. Chispazo de ilusión, cariño y… Tristeza.
Las mismas emociones que hoy siento yo. Mi reflejo ahora soy yo pero el cuerpo que hábito es el tuyo. Apoyo tú mano masculina en el espejo y la uno a la mía. Y el espejo se parte en mil pedazos. Yo desaparezco en un vapor espeso y me elevo hasta las alturas.
Ahora te observo y me mandas un beso desde abajo. Tú mirada es triste. La mía, también.


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