Media naranja

1–2 minutos

Mis manos congeladas empiezan a escribir esto. En medio de la calle, con lluvia y frío. Con la misma canción por decimosexta vez.
Solo veo una naranja en medio de una mesa y un martillo reventándola. Seguro que si pregunto el significado de esta imagen alguien me diría que mi rabia interna se revela contra la fantasía de la media naranja. Yo solo veo un martillo golpeando una fruta.
A veces peco de ser demasiado analítica, querer leer entre líneas. Intentando descifrar en mensajes escuetos posibles declaraciones de intenciones. Reuniones con amigas cuál inspectores de la policía viendo qué hay tras cada palabra. Tras cada silencio.
A veces un «no quiero» no es más que eso. No quiero. Y a veces un texto escrito con los pulgares doloridos por el frío no es más que eso. Unas líneas intentando mentalizandome de que hay que dejar de pensar tanto y hacer más. O hacer menos. O escribir menos. O contestar con silencio.
Porque tantas vueltas a un mismo tema es fuego para las neuronas. Un petardo colonizando los recuerdos y los pensamientos más intimos. Ahora me toca calentarme las manos moviéndome hasta mi portal y no seguir escribiendo chorradas que no me llevan a ningún lado. Entender que ese personaje ficticio que construiste en tu mente, ese que te decía cosas bonitas y se iba a comer contigo, no existió jamás.
Que ahora estás tú sola con tus manos entumecidas y la lluvia cayendo sobre tu pelo despeinado.  


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