Se que no debo. Qué no puedo. Qué no es bueno para mí. Me miró tímida al espejo manchado. Marcas aleatorias de carmín y pasión se entremezclan con mi rostro.
Camiseta blanca, con adornos, con volantes. Pantalones negros y ajustados. Pareces una femme fatale. Tus ojos, con el delineador negro marcan una mirada animal. Preparada para atacar. Preparada para morder. Para morderte, para morderse. Hacerse sangre hasta arañar el alma.
De nuevo, se que no debo pero necesito que me veas. Aunque sea en esta imagen. Aunque sea fuerte. Aunque sea rota. Lágrimas que no quiero que veas y que mojan mis labios. Parece que voy a la guerra pero me quedo sin mi paz.
Mirame aunque sea un vez. Dime qué me recuerdas. Qué no estoy diluida en los recuerdos de tu vida. En el fondo del pozo que no quieres ni tocar. Hazme saber qué, de vez en cuando, rescatas uno de esos recuerdos. Qué piensas en mi espalda, en mi risa o en lo que te contaba en la oscuridad de nuestras intenciones.
No se, rescatame por un instante de este fuego helador que me consume. Quiero dejar de utilizar metáforas que solo retuercen aún más mis intenciones, mis placeres, mis pulsiones. Volver a ser directa, ir de frente y no con la mirada agachada.
Porque contigo hablo de cosas que jamás pensé que mencionaría, desdoblo palabras por no escribir tu nombre, por hacerme la misteriosa con quien serás, con que aspecto tendrás o que mirarán tus ojos ahora. Remojo mis ganas en agua tibia porque la fría se calienta con mi fuego. Cierro una puerta dando un sonoro portazo para ver si, dandome la vuelta consigo volver a entrar aunque el pomo me haga sangrar. Aunque no quiera volver a entrar. Aunque no desee lo que estoy deseando volver a hacer. Guárdame el secreto que lo demás ya lo guardo yo. 


Comentarios

Deja un comentario