Mi cuerpo desnudo frente al espejo. Me acaricio en los muslos. Siento ardor dentro de mi. Calor frenético que se filtra por cada poro de mi piel.
Agua, agua cayendo sobre el suelo debajo de mi. Sudor, calor y frenesí.
Ese vacío que no consigo llenar, que cubro con un llenado físico explícito. Con jadeos a mis espaldas.
De repente me pongo en pie y las luces de la habitación son rojas. Una alarma suena en toda la sala y esa luz se vuelve parpadeante. Abro mis piernas y me observo entera. Abierta en canal. Física y mentalmente. Me toco, me excito, me gusta.
Muerdo mis labios al tiempo que me observo. Pero algo sucede. El espejo se rompe en mil pedazos y yo no puedo parar de tocarme. De sentirme. De excitarme. Pero ya no siento nada. Como si me hubieran anestesiado.
Veo la cama revuelta. Un hombre en su interior. Da igual quien. Cualquiera que haya entrado en mis entrañas.
Le da dos palmadas a la cama como invitándome a entrar. A compartir sexo con él. Y yo siento cadenas en mis pies. Y el suelo ahora está seco. Arena en mis pies y yo voy arrastrando mis cadenas.
Llevo al borde de la cama y él me agarra los brazos. Yo tengo los labios sellados y no puedo hablar. Me besa el cuello. Me dice algo sucio al oído y la arena nos inunda. Llega ya hasta la cama. Los bordes rezuman arena. Rasca mi piel junto a sus caricias.
No puedo conectar con nada. Todo está dormido mientras él sigue. Yo extiendo mis manos y le empujo. Él, enfadado y excitado me mira. Ahí estoy. Desnuda y vacía. No puedo más. Me siento a su lado y le coloco las cadenas en sus manos.
Me expongo ante él entera y empiezo a tocarme. Ahora ya no hay arena. El agua empieza a caer del suelo, del techo, a salir de las paredes. Las luces parpadeantes se vuelven tenues, calidas, fogosas.
Y mis ojos se encienden. Los suyos también. Pero no puede tocarme porque sigue encadenado. Entonces yo le monto y una oleada de placer vuelve a mí. El agua inunda toda la habitación y empieza a mojar la cama. Yo siento el placer inundándome a mí también. Y de repente miro hacia abajo… Y ese hombre ya no está. Solo estoy yo.  


Comentarios

Deja un comentario