Odio de memoria

1–2 minutos

Valeria necesitaba odiarlo. Aunque fuera de 4 a 5.30. Aunque fuera justo antes de dormir. Un ratito. Luego volvería a dejar ese veneno para ratas. 

Pero ahí, en medio de su tendencia al goze, inundada por su pulsión de muerte y otros conceptos psicoanalíticos que no recordaba, necesitaba tocar su herida de manera onanista hasta hacerse sangre. Hasta obtener su tan deseado éxtasis.

Pensarle y enfadarse. Rabiar y arañar. Llorar y gritar. Salir a caminar y dejarse arrastrar por el dolor de sus músculos quejándose. No era solo por él. Era por ella. Por todo lo que había sentido, por sentirse inferior. Y eso la mataba.

Saber qué tantos estarías encantados de mirar su sonrisa y ella sintiéndose poca cosa. Me cago en Dios y en su puta madre. 

¿Como vas a ser poco, nena? Levántate joder. Camina y hazte saber cuánto vales. Deja de llorar por las esquinas y atiendete. Besate, mímate, hazte el amor y deja la guerra para aquellos que no saben empuñar un arma. 

Ódiale un ratito y luego deja pasar esa emoción. Vuelve a la normalidad. Y jamás te odies a ti misma. 


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