Un click se oye en medio de una sala vacía. El silencio se ve interrumpido por una llave que cierra una cerradura. Ya es la segunda. Hay que asegurarse. Después colocaré la tercera.
Al otro lado de la puerta blindada, hay una habitación preciosa. Con todas las comodidades, cuidados, temperatura adecuada. Manjares y placeres nunca vistos. Experiencias excitantes, divertidas, apasionadas y profundas se esconden en ella.
Es mi mayor tesoro. En medio de mi corazón, justo donde hay que acertar. En el centro de mi pecho, un lugar donde dar con la diana. Un sitio donde no dejo pasar a nadie desde hace tiempo. Donde muy pocos han estado. Del sitio donde tuve que desalojar a dos almas heridas con anterioridad.
Y tú en la puerta. Llamando. Queriendo forzar las fronteras. Con tu mano firme en el pomo, sin saber ni siquiera adónde te diriges. Una mano segura se pone en tu espalda y te saca de ahí. Justo a tiempo. Te redirige a otra sala con menos peligro. Un lugar donde poder acomodarte sin dolor, sin lágrimas ni sufrimientos. Sin dramas ni incertidumbre.
Mientras te giras y vas firme hacia un rincón luminoso un click se oye en medio de una sala vacía.


Deja un comentario