Seguir adelante

1–2 minutos

Sujeta tus manos. Escucha la música y siente. Solo déjate invadir por lo que todo aquello te transmite. 

No desesperes, no bajes, no dejes de escribir. Solo fluye y percibe esa energía a través de ti. Deja que todo tu cuerpo te diga lo que quieres expresar.

El camino, los árboles, la música de fondo. Curvas y más curvas. El coche está moviéndose a una velocidad moderada. Con cuidado mientras vamos por ese sendero. 

Vacío. Vacío que se muestra en medio del camino. Oscuridad y control. Dolor y sentido del humor. Pulsión de vida y de muerte. No sé qué estoy diciendo. Solo escucho. Tú voz suena fuerte, allá atrás. Gritándome, llamándome. 

Y yo sigo adelante y no la escucho muy bien. Ya se oye bajito. Ya no oigo los llamados, me estoy alejando. Y mis piernas caminan. Oigo el ruido de las hojas crujiendo bajo mis pies. El jadeo de mi respiración acelerada, corriendo. Huyendo de allí. Saliendo por la puerta grande. 

Déjate llevar y verás. La música hará su efecto. En un trance que hace que no piense. Las palabras, solo salgan. Y normalice todo esto. Y me autoengaño pensando que es la música la que está creando estás frases. Cuando son mis entrañas gritando, diciendo, saliendo, sangrando palabras. 

Cuando todo este nudo nuevo se desvanece, se descarga en cada frase que escribo. Porque escribir es para mí, ahora, como abrir las compuertas de un corazón sellado. Como sacudir la alfombra y airear las emociones.

Me deja renovada y libre. Sin peso, sin dudas. Y un poco más liviana a cada rato.


Comentarios

Deja un comentario