Está canción me recuerda tremendamente a tí. A esos mensajes que te contestaba mientras sonaban los primeros acordes de esta delicia.
Te tengo ahora enfrente de mi. No eres tú de verdad, por supuesto. Es la proyección de mi mente sobre tu ser. Te noto enfadado. No entiendo el porqué. Parece que estás cansado de que utilice de nuevo tu imagen, tu cuerpo, tu mente y tu rostro para descargar mi dolor. Lo siento. Esto es el duelo, la despedida, la pérdida. Negociar con el tu que vive dentro de mi para que se vaya durmiendo de la manera más serena posible.
Pero a veces me contestas. A veces te rebelas, quieres irte, quieres que te libere. Estás harto de tanta intensidad, de tanta desesperación o de tanto recordarte. Te hago trabajar de día y de noche. En mis sueños, en mis fantasías, en mis recuerdos, en mis proyecciones: tú. Siempre tú.
No te enfades, por favor. No desesperes que esto termina ya. Déjame solo explicarte porque me fui. Porque cerré el libro a medio leer. Te prometo que con esto te dejo en paz.
Fue tan preciosa aquella luz que conseguiste prender dentro de mi, tan pura, tan serena y tan generosa que tuve que irme cuando vi que no estabas preparado para iluminarte con ella. Que no lo deseabas. Tal vez tú querías otra cosa. Calentarte con su luz pero luego volverte a la oscuridad. Donde todo es invisible, donde no tienes que justificar tu ausencia, donde puedes caminar sin que te vean.
No soportabas que yo te quisiera iluminar y que te pidiera un poco más de tu luz. No podías iluminar y calentar más de lo que daban tus límites. Y está bien así también. Pero no me pidas que me quede en un ambiente helado y con una pequeña antorcha que dejó de calentar hace tiempo. Porque yo me encontraba desnuda, expuesta y preparada para recibir tu calor.
Tú estabas con ropa gruesa y preparado para huir. Ya tenías calor de sobra con lo que yo te daba pero no querías la luz. No el peso que sostenía mi lámpara. Ese dejabas que lo cargara yo mientras tú disfrutabas de aquello.
Y se como hubiera acabado aquello. Yo destrozada y agotada. Y tu viéndome pero sin verme. Solo para no perder aquello. Hasta que, alguno de los dos no pudiera más y decidiera darse por vencido. Tú hastiado de tanta intensidad o yo drenada de tanta emoción.


Deja un comentario