En el centro de tu vientre solo sientes un vacío inmenso. Negro como la noche, parece profundo, eterno, sucio, desordenado.
Un día, mientras caminas frente al río decides bañarte en él. Y en tu vacío también. Empiezas metiendo los pies. Lentamente y jugando con el agua helada de tus infiernos. Vas caminando y el líquido es negro, espeso. Maloliente.
Sigues, pese a las náuseas. Aunque todo tu ser te pide que pares. Qué te des la vuelta. Qué regreses a la tranquila orilla. Pero allí no eres feliz. Ya no. Por eso decides seguir sumergiéndote. Quieres saber qué hay en el fondo.
Continúas y ya estás con la mierda al cuello. No puedes respirar y voces inquietas te susurran al oído que no podrás. Qué sola no podrás. Pero tú sabes que no es verdad. Que esa ciénaga espesa la has creado tú misma.
Tras años de no escuchar, de falta de conexión, de no poder decir «no». Mierda que te has echado encima y que te han echado los demás. Va siendo hora de depurar todo eso.
Metes tu cabeza. Te sumerges por completo. Y lo que ves te deja desconcertada: ahí dentro el agua es clara y cristalina. Hay espectaculares paisajes, peces y limpieza, pureza.
Emociones jamás escuchadas revolotean a tu alrededor. De repente sientes. Hacia tiempo que no eras capaz de sentir algo. Algo más que esa quietud apestosa confundida con paz. No podemos llamar paz a la incapacidad de conectar con los que te rodean, de no conmoverte con un beso o con una bella canción. Esa quietud era el embotamiento del alma asomando. Emociones reprimidas y metidas en un bote.
Ahora sin embargo, todo es intenso. Hay emociones que duelen. La tristeza de haber terminado con algo valioso. La ira por los límites no respetados, el desprecio por tantas sonrisas falsas. Miedo por el futuro. Todo es fuerte, todo se siente nuevo. No eres capaz de soportar y tienes que salir a tomar el aire. Pero no te quedas fuera. Vuelves a entrar.
Y ahí… En el fondo, escondida, vuelves a reencontrarte con la ilusión, con la alegría y con las ganas de vivir, de mirar al futuro y saber que siempre podrás contar contigo misma y tus manos fuertes.


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