Sabotaje («Te refugiarás en mi tormenta» capítulo 1)

7–11 minutos

Capítulo 1 – Sabotaje

Miércoles, 4 de marzo del 2026

Habían pasado meses desde la última vez.

El tiempo suficiente como para convencerse de que ya no quedaba nada.

Y, aun así, allí estaban.

Sentados uno frente al otro, fingiendo que aquello era solo una conversación más.

Frente a ella, Manu.

Su amigo.

El mismo con el que todo había sido fácil al principio.

El mismo con el que, después, nada lo fue.

Elena sostuvo la taza entre las manos, sin beber.

Había algo en la forma en la que él evitaba mirarla que le resultaba demasiado familiar.

Los dos estaban tensos, como si contuvieran la respiración desde que se habían visto.

El abrazo y los dos besos habían sido apenas un muro de contención.

Un calor incómodo, casi olvidado, les había recorrido la espalda al mismo tiempo.

Ninguno quiso mirarlo de frente.

Se sentaron en la terraza, aferrándose al frío de marzo como si pudiera ordenar lo que llevaban dentro.

Manu tenía ojeras. La vista cansada y las manos temblorosas.

  • Ando un poco preocupado. Hace días que mi madre no me envía ninguna foto de ellos. Creo que no quiere que vea a mi padre…

Gregorio.

Setenta y siete años.

Toda una vida al volante de un taxi, acumulando historias que nunca terminaba de contar.

Había esperado la jubilación como quien espera una segunda oportunidad.

Pero el cuerpo no siempre entiende de planes.

Elena le puso la mano sobre la de él y lo miró a los ojos. Sosteniéndolos.

Una cálida sonrisa se coló en su cara casi sin buscarlo. No hizo falta decir nada más.

Ella suspiró y comenzó a le empezó a contar que, últimamente, no descansaba bien. Tenían mucha carga de trabajo. Administración. Ventas y llamadas. Contabilidad.

Todo encajaba en apariencia.

La salud de su padre.

El cansancio de ella.

Excusas limpias.

Ordenadas.

Casi convincentes.

Pero había algo más.

Una sombra silenciosa entre los dos que intentaron relajar con un café y una bolsa de patatas.

Una inquietud repentina le recorrió la espalda cuando vio el mensaje en el móvil.

En aquella notificación, recibió una ubicación y un mensaje.

Creo que te va a gustar

Al leer aquello, Elena tensó los hombros de repente. Se puso seria y se quedó pensativa. Luego, sonrió incómoda.

Manu la miró mientras removía el café con la cucharilla. Estaba moviéndola demasiado fuerte.

  • Nada, contesta tranquila… no quiero interrumpir eso. – le dijo Manu a su amiga mientras bebía, lentamente, un sorbo.

Elena había observado levemente que su amigo había apretado la taza, nervioso. Lo notaba por como sus nudillos se habían tensado.

  • Bueno, nada urgente, tranquilo.
  • Umh.

Manu desvió la cara y se puso a mirar un árbol como si fuera lo más importante del mundo en aquel momento. Mientras tanto, Elena quedó mirando al móvil un instante.

Había conocido a alguien.

Reconocía que era muy intenso. Tal vez demasiado.

No estaba segura de que toda esa ilusión por ella estuviera justificada. Si tan solo supiera cómo era.

Creyó que él era lo que necesitaba en aquel momento. Un bálsamo que pudiera calmarle los nervios. Alguien con quien las cosas fueran fáciles.

Lo eran. Tal vez…

Demasiado.

Se preguntaba si, con el tiempo, podría llegar a despertarse por él algo intenso dentro de ella. Dirigió su mirada hacia Manu. No tan intenso. O sí.

No estaba segura.

Acalló sus pensamientos tomando otro sorbo de café. El silenció entre ellos se interrumpió.

  • Se te ve ilusionada… – Manu tuvo que mirar a otro lado mientras pronunciaba esa frase.
  • Bueno… Supongo que lo estoy.

Elena se encogió de hombros mientras sostenía la taza. Le daba vueltas al líquido. Volvió a beber.

  • Supones… ya. Bueno, estáis empezando.
  • Si. Vamos poco a poco. Creo que quiere tener algo conmigo… quiere ir enserio.

Una tensión repentina se estableció entre ambos. La palabra “enserio” retumbó y ambos se quedaron mirando en direcciones opuestas durante un momento.

  • Oye… ¿nos sacamos una foto? Hace mucho que no tenemos una juntos – Manu intentó rebajar toda aquella tensión de manera repentina.

Elena asintió aliviada. Soltó el aire que tenía en los pulmones y relajó los hombros. No se había dado cuenta de la rigidez que tenía.

Se sentaron el uno al lado del otro: Elena fue la que capturó la selfie.

Estaba sonriente y con la cabeza ligeramente apoyada en el hombro de Manu. Él a su vez, la miraba de reojo, con una expresión extraña.

Elena se quedó mirando la instantánea. La amplió para ver mejor. Asintió, satisfecha.

  • ¿Te importa que la suba a Instagram?
  • No, claro. Súbela, no te preocupes.

Al escuchar aquella pregunta, Manu sintió un repentino cosquilleo en su interior. Un placer casi infantil.

Aquel chico iba a ver la imagen. Le generaba una punzada de satisfacción egoísta.

Cuando Elena la publicó, ambos terminaron las consumiciones y se levantaron de la terraza.

Comenzaron a caminar despacio por un paseo que había cerca del rio. Desde allí, podían escuchar el ruido del agua fluyendo.

Mientras hablaban animadamente Elena se fijó en la barandilla que bordeaba el paseo. Aquella vista le trajo unos recuerdos que la hicieron sonreír.

  • ¿Y para cuándo la boda? – Manu formuló aquella pregunta con un tono de ironía en su voz. Parecía una simple broma, pero ambos quedaron sin decir nada un instante.

Elena suspiró y se quedó mirando al vacío unos segundos. Después, dijo despacio.

  • Ja ja ja. Muy gracioso.

La voz ligeramente apagada indicaba cierta tristeza.

  • Ya sabes que, para casarte, o para cualquier cosa, primero tienes que querer hacerlo.

Ella lo miró, despacio. Asintió.

Querer hacerlo.

Era curioso. Antes de que Manu volviera a aparecer en su vida, ella quería. Ahora, ya no estaba tan segura.

Desvió sus pasos y se apoyó en la barandilla. Miró el lugar.

La primera vez que habían estado allí las cosas parecían sencillas.

No imaginaban todo lo que iba a ocurrir después.

Ahora parecía un lugar diferente.

Manu la imitó y, por unos segundos, quedaron el uno al lado del otro, sin mirarse. Solo respirando y mirando el rio.

Ella se acercó al cuerpo de su amigo. Ladeó la cabeza ligeramente y lo rodeó con su brazo izquierdo. Había entre ellos una energía amistosa.

Era curiosa cómo funcionaba su relación. A veces, podían estar charlando horas como amigos. Sin más. Sin que esa atmósfera se alterara lo más mínimo.

  • Ya lo se. Es solo que… siento que es todo demasiado fácil con él ¿sabes? No sé, no me entiendo ni yo.

Manu la miró por el rabillo del ojo. Al momento, giró la cabeza. En algunas ocasiones, todo volvía a ser sencillo entre ellos.

  • Puedes contarme lo que te pasa… ya sabes que se me da bien escucharte.

Elena asintió y empezó a caminar, despacio. Bajó la cabeza y empezó a mover los brazos de un lado al otro.

  • Es que… es como si sintiera que tengo un pie fuera de todo esto – señaló el móvil – parece que tengo la maleta hecha para irme corriendo. En cualquier momento.

Él bajó la cabeza. Una sensación de hormigueo le recorrió las extremidades. Tensó la mandíbula. Conocía bien a qué se refería Elena.

Aun así, preguntó.

  • ¿Por qué querrías irte? – Manu intentó que su voz sonara neutra, pero notó cierta satisfacción incómoda al hacer las preguntas.

Elena abrazó a su amigo. Algo había cambiado en el ambiente. Ambos tenían un radar único para detectarse entre ellos.

La chica respiraba con agitación. Como si estuviera controlando un sollozo.

Él la abrazó también con fuerza. Y entonces lo sintió.

Satisfacción.

En seguida, la culpa tomó el relevo.

No debía alegrarse de aquello. Pero se alegraba.

  • Es solo que… Siento que voy a desinflarme en cualquier momento. Otra vez.

Silencio de nuevo. Manu habló despacio.

  • Ya… Como hice yo…

La miró un segundo. Sus ojos se desviaron y se mordió el labio.

No estaba orgulloso de aquello.

Un pensamiento recorrió su mente.

¿Por qué se seguían viendo?

Ambos lo sabían.

Por eso ninguno decía nada.

Se preguntó aquello hasta que la vio sonreír. Entonces algo se aflojó en su interior. Lo comprendió, una vez más.

Quiso apartar aquel pensamiento alejándose un poco de ella. Retrocedió y dejó de abrazarla.

Cuando la tuvo en frente, vio como Elena sonreía tímida, mirando al suelo. Se encogió de hombros y con un hilo de voz le dijo: 

  • Bueno. Eso ya quedó atrás.
  • Lo sé, pero te he hecho daño. Te lo sigo haciendo a veces.

Elena se apartó de él y se quedó callada un instante. Seguía caminando en círculos.

  • No se… a veces siento que no me he perdonado lo de…

Se quedó en silencio. Lo de su exmarido. A eso se refería.

Había estado casada durante 8 años. Habían comprado un piso a medias e incluso se plantearon ser padres. Pero, sin saber cómo ni porqué, Elena dejó de sentir.

Manu le respondió, poniéndole una mano sobre el hombro.

  • Tu no destrozaste nada, Elena. Fuiste valiente. Cuando uno ya no puede amar más, lo mejor es retirarse.

Algo se cerró dentro de él cuando pronunció aquella frase.

Retirarse.

Lo que él jamás se había atrevido a hacer.

  • Tengo miedo de no ser capaz… Parece que siempre estoy esperando que se vayan primero.
  • ¿Y si él no lo hace?

Elena levantó la mirada extrañada. No esperaba aquella pregunta. Se quedó observando los ojos de Manu un momento.

Su barbilla tembló. Suspiró.

  • En ese caso, creo yo misma acabaré cargándome lo que estamos empezando.

De repente, la atmósfera entre los dos cambió. Elena se acercó despacio a Manu. Lo abrazó por la cintura y apoyó la cabeza en su pecho.

Cuando levantó la cara, Manu la estaba mirando. Muy cerca.

Se mordió el labio.

Ella le acarició la cara. Lentamente.

Ambos quedaron en silencio un instante que pareció más largo de lo normal.

Se besaron.

Primero, despacio.

Elena cogió a Manu de la cara y, con los ojos cerrados, le susurró:

  • Se que no debería hacerlo, pero no puedo no besarte.

Y mientras la besaba, todo le devolvió a aquella primera vez.


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