• Hoy toca partida eh.

Fer sirvió el café caliente en la mesa.

  • Cuidado que quema – señaló a Marta.

Ella sopló ligeramente la taza.

  • Va, esto no es nada para mí.

Hizo una pausa y lo miró.

  • Tengo muchas ganas de jugar, si.

Fer levantó la vista y fue a coger el azúcar. Al darle la espalda sintió como el aire quedaba retenido en sus pulmones.

Hacia tiempo que le costaba respirar cuando la miraba.

Ella no tenía ni idea.

Su novio tampoco.

Menos mal.

Amigos desde pequeños, siempre jugando a los mismos juegos de mesa.

Pero no fue hasta que volvió de aquel viaje cuando empezó a verla diferente.

Con colores más intensos.

Algo se había despertado entonces por ella en su interior.

Inconfesable.

Intentaba cada vez con menos éxito que sus ojos no se quedarán mirándola más tiempo del debido.

No arrastrar sus palabras mientras la veía reír. Se le hacía imposible.

  • Cuando llegue a casa me pondré a escribir – Fer lo dijo sin mirarla.
  • Ohhh, ya he visto tu blog. Me encanta lo que escribes. Muy profundo.

Profundo.

Emocional.

Casi febril.

Una ola de calor intenso que lo recorría de arriba a abajo mientras escribía.

En soledad. En silencio.

Aquella noche escribiría sobre una chica que no era ella.


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