Su barba. Esos ojos.
Aquel resoplido mientras su pelvis se rozaba con él.
El corazón se le aceleró y sus manos empezaron a temblar.
Ella se levantó la camiseta.
Recordó y se mordió el labio.
Una sonrisa apareció en su rostro cuando visualizó aquel arrebato.
Deprisa.
La ropa por el suelo.
Ahora sus manos querían acordarse.
Él a su espalda. Y ella con la mirada vuelta y la cabeza hacia el cielo.
El lugar al que él la había subido. Cuando estaba tan cerca.
Dentro.
Un calor intenso subió por su espalda. Siguio notándose a ella misma por su cuerpo.
Explorando.
Su humedad le decía que iba por buen camino.
Reptando. Lento.
Como sus besos aquel día. Como su lengua, húmeda.
Colándose por los rincones más íntimos de su ser.
El vello se le erizó y apretó aún más los dientes en torno a sus labios.
La primera caricia la estremeció. Sus dedos se movieron habiles.
Reclamando su lugar.
Reclamando el placer.
Y aquella noche, en su ausencia, volvió a recordar el ardor palpitante que se quedaba siempre pegado a su piel.


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