Y ella construyendo castillos en el aire. Gestión de tiempos, de crisis, de afectos.
Endurecimiento instantáneo de sus miradas.
Del tacto de su piel junto a la suya. Bloqueo de abrazos y ternura mientras disfrutan en el mismo colchón.
Desvío de miradas culpables de tanto amor. Enamoramiento anulado por razón.
Racionalización de su profundo cariño.
Queriendo habitar, en esos castillos en el aire, un control que nunca podrá ejercer.
El poder de no amarle, el lujo de no pensarle.
Pero basta una mirada suya, una caricia o un abrazo intenso para deshacer todas esas construcciones ficticias y dejar solo, desnudo, el sentimiento.
El cuerpo y el alma al descubierto queriendo reptar por esos corazones que se niegan a aceptar que se están amando.
Aunque aquel afecto nunca se materialice en nada más que promesas quebradizas bajo las sábanas.
No todos los amores, merecen ser vividos. Y este, no es ninguna excepción.


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