Solo por si algún día te da por entrar. Si decides leer estas letras. Si te sigo importando algo o teniendo un poco de cariño.
He comprendido ahora, con mis ojos abiertos de par en par y un amor sano en el corazón, que aquellos meses fueron reales, si.
Los sentimientos y los anhelos también. Pero con la verdad en la boca y los pies arrastrados te confieso que ese nivel de telenovela turca se me fue de las manos.
La soledad llamaba a mi cuerpo y yo me sentía vacía en ese colchón tan grande.
Y reconozco que llegaste tu cuando menos lo esperaba y más lo necesitaba. Me diste un chute de validación, ansiedad y mariposas que me pareció lo más valioso del mundo.
Necesitaba alcanzarte para decirme a mí misma que yo era suficiente. Qué dejar mi vida estable y estanca atrás no había sido en vano.
Y me aferré a tu imagen porque sentía que si te soltaba, me soltaba yo también. Y no sabía qué había al otro lado del abismo.
Ahora que ya he recorrido ese camino, estoy en paz. Me gustaste mucho, me atraias mucho y te quise. Te sigo queriendo, de hecho.
Pero con mi herida limpia y volviendo a vivir un amor sano, se que mucho peso del que tuviste para mi fue en realidad un deseo de no parar a mirarme.
Mientras te estuviera persiguiendo no veía lo que había en mi.
Me sentí, por momentos, como un animal acorralado.
Y tengo motivos para sentirme molesta.
Pero ya no pesan ni un uno por ciento de lo que pesaban ese día de verano en el que te monté el mayor de mis dramas.
Ahora eres para mí, simplemente, ese chico de mi pasado al que quise y con el que no pudo ser.
Qué dramática es la Vero cuando quiere.
Solo quería que lo supieras.
Estamos en paz. Buen camino.


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