Texto lleno de tacos

1–2 minutos

A ver, ¿qué coño estoy haciendo? ¿Alguien me lo explica? Porque yo no lo entiendo.

Si siento estás cosas dentro de mi, si hay algo que me advertía que no cruzara esa línea, ¿en qué mierdas estaba pensando para volver a hacerlo?

Mira, no voy a ser yo la que maldiga a manos ajenas. Ya tengo bastante con las mias.

Que me gusta un buen juego más que a un tonto un lápiz. Qué si mensajito por aquí, que si risita por allá.

Pero a la hora de la verdad, yo no voy con una barrera por la vida. Yo voy con todo. Con lo bueno y lo malo.

¿No entiendes, corazón, que si seguías por ahí, te ibas a hacer daño?

Qué clase de colchón soporta tantas sacudidas. Y no de las del cuerpo. De las del alma.

Que parece que te gusta un puto drama, chica. Si ese tattoo en su espalda era el que amarrabas con la mano que te dejaba libre, luego no te quejes de que te dolía la muñeca.

Si era esa esa boca la que mordías, luego no me digas que quieres seguir apretando.

Aprende de esto. Aprende mucho, tía. La puta mierda donde estás ahora ya la has recorrido tres veces.

¿Qué quieres? ¿Ir a por la cuarta?

Callate ya y dejate de mierdas. Empieza a pensar más en ti que en esos ojos que no pueden sostenerte la mirada cuando dices que le quieres.


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