Tu ausencia

2–3 minutos

Y así me encontré a mi misma. Desnuda en la cama. Sentada en esa esquina. Y el portazo sonó como un estruendo.

Ahí me quedé un buen rato. Sin saber qué hacer. Paralizada y abierta en canal.

Poco a poco, me fui levantando. Como un cervatillo que acaba de nacer, apoyé torpe mis piernas en el suelo y me vestí rápidamente.

Casi con vergüenza.

A pesar de estar sola en mi propia casa.

Vergüenza por mostrar la luz preciosa de mi interior. Esa luz que, en otros tiempos, te daba calidez y te gustaba. Ahora se sentía como un peso en tu interior.

Algo de lo que tener que abstraerte.

Y yo también lo aprendí a hacer. Aprendí a cerrar mi pecho cuando te veía. Aprendí a no responder inmediatamente a los mensajes. A dejarlos ahí, madurando.

Aprendí a saborear la sensación de tenerte en mi vida, aunque fuera a medias. Aunque fuera a ratos.

Sostuve una contradicción andante. A mi misma.

Te quería pero no podía tenerte.

Te amaba pero no podía decírtelo.

No quería que te asustaras.

Solo callaba y me tragaba mis te quieros. Tus te quieros. Eran para ti.

Aunque en el éxtasis del placer alguno se me escapara.

Bueno, sin más. Ya sabes lo que toca ahora. La escritura es el medio más directo y perfecto para mí.

Para cuando las palabras quedan atoradas en la garganta y no saben como salir.

No se si leerás lo que publique.

Lo único que se, es que ahora que te has ido, este bloque de hormigón que construí para sobrevivirte, se ha deshecho como un azucarillo.

Ya no hay represión. Ya no tengo que sostener algo que contradice mis sentimientos.

Ahora no tengo que repetirme a mi misma que, en realidad, estoy feliz así. Que no te quiero tanto. Que no estoy enamorada.

Solo para que mi cabeza me dejara verte una vez más sin desmoronarme.

Cuanto dolor me he provocado. Solo por no lanzarme de lleno al vacío de la realidad. Al vacío de tu ausencia.

Lo que no me daba cuenta era de que quedarme en un lugar donde no puedo ser yo, donde tengo que bajar el volumen a lo que siento, solo hace que me corte a cada minuto.

Cortes diminutos que, afilados, atraviesan mi piel. Me hacen sangran poco, pero sangro.

Prefiero este corte limpio, ahora que ha llegado. Así sangraré un rio, lloraré a mares y bajaré la mirada un tiempo.

Pero se que luego, cuando formes ya parte de mis recuerdos, sonreiré al recordar lo que fuiste para mi.

Sonreiré al saber que yo también fui importante para ti. Que, aunque fuera por un momento y sin quererlo del todo, yo también sostuve entre mis temblorosas manos, esa luz preciosa tuya que me dejaste ver.

Sabes que siempre vas a formar parte de mi historia.

Que has sido especial.

Adios.


Comentarios

Deja un comentario