Acunando dulcemente a una niña. Protegiéndola de tanto dolor. De esa esquina donde, desnuda y vulnerable, te dijo aquellas últimas palabras.
Abierto su corazón y cuerpo, se quedó en silencio y en soledad. Viendo el atardecer. Se levantó a duras penas.
Sintiendo el peso de cada músculo en sus piernas. Temblando de frío a pesar de hacer calor. Sin más motivación que meterse bajo la ducha.
Quitarse tu olor de encima.
Frotando hasta dejarse la piel. Literalmente.
Los días que siguieron fueron una montaña rusa. Pero yo la seguí resguardando. Abrazando su llanto y secando las amargas lágrimas.
Mientras veía la televisión, a su lado me colocaba. Mirar la pantalla sin ver nada. Solo un eco eterno de voces e imágenes que pasaban por delante.
Casi sin pestañear llegaba la noche. A dormir.
Trabajo, responsabilidades, tareas, compras.
Pero, a veces, una pequeña chispa de paz dentro de sí misma. Un chorro de dopamina que subía por sus conductos nerviosos.
Algo que era estable. En menor cantidad. Un pico pequeño y sereno.
No como esos subidones que sentía contigo.
Sensaciones tan potentes y altas que después, provocaban una caída a los mismos infiernos.
Vacío al irte. Bloqueo y endurecimiento interno.
Un bloque de hormigón dentro de su estómago. Le quitaba el hambre. El sueño.
Solo servía para seguir pesando. Para encorvarla hacia abajo.
Ahora ya no hay puntos tan altos. Evasiones tan firmes ni montañas tan elevadas.
Eso se echa en falta. La incertidumbre. Él no saber. El esperar a ser la elegida.
Tampoco hay bajones. Vacío insondable que amenaza con devorarlo todo. Ya no hay portazos ni silencios.
No hay más mensajes. Tampoco más respuestas. Solo existe la decisión y la paz de poder encontrar instantes de quietud y serenidad.
Como ahora que escribo en esta cama.
Sin más intención que contarte algo.
Que me he vuelto profundamente estable y aburrida.
Que siento calma y yo puedo reservarme huecos de pequeñas felicidades.
Te juro que estoy mejor sin esos subidones.
De verdad. Enserio.
Esta sensación es lineal. Aunque poco intensa.
Me estoy desenganchando de ti.
Que te lo digo enserio. Es verdad.
…
…
…
Aunque en la oscuridad de la madrugada mataría por otro pico de los tuyos.


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