Ella está feliz

1–2 minutos

Contenta, tranquila, serena… Feliz podría decirse. Está empezando a levantarse, poco a poco.

La veo cada mañana haciéndose su café, trabajando y riéndose al otro lado del teléfono. Sin más tarea que seguir caminando.

Luego está con sus pequeñas. Juega, se interesa por su día, las abraza. Está en el parque y les hace la cena con todo el amor.

Las acuesta y, cuando tiene un momento de soledad tras el frenético día, se sienta en el sofá.

Respira hondo. Tu ausencia ya solo es una pequeña sensación que le hace cosquillas un instante. Después, todo vuelve a la calma.

En los últimos días ha pensado cada vez menos en todo aquello. Como si el recuerdo se estuviera volviendo difuso a cada segundo.

En la cocina, mientras come sola entre semana, se relaja pensando en sus cosas. En ese café que se tomará el próximo día que tenga una tarde libre. En la tarde de cine que disfrutará con sus amigos. En el paseo que le espera alguna tarde soleada.

Y así, cuando apaga las luces de la casa y se sumerge en el sueño, siente que todo está en orden. Lejano, muy lejano, el eco de tu voz y la imagen de tu rostro intentando colarse, de nuevo, en uno de sus sueños.

A veces, como esta noche, lo consigues. Y ella te abraza de nuevo. Siente tus brazos fuertes, tu barba y tus labios.

Despierta y un pinchazo leve aparece en su vientre. Ya solo eres eso.

Un recuerdo que, en ocasiones, la viene a visitar.


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