Paseo con el sol dándome en el rostro. La paz invade mis adentros. Los pasos son firmes y serenos.
El camino está despejado y el día tranquilo. El peso de 86 kilos ha dejado de asfixiarme. La tensión de un vínculo que no nunca pude manejar.
Mientras mis pasos avanzan y mi respiración se tranquiliza, un pensamiento asalta mi cabeza:
¿Podía haberlo hecho de otra manera? Mi respuesta es clara: si.
Pero no lo hice. Y el desenlace me ha dado paz y serenidad.


Deja un comentario