A ver si yo no desaparezco

1–2 minutos

Paseo con el sol dándome en el rostro. La paz invade mis adentros. Los pasos son firmes y serenos.

El camino está despejado y el día tranquilo. El peso de 86 kilos ha dejado de asfixiarme. La tensión de un vínculo que no nunca pude manejar.

Mientras mis pasos avanzan y mi respiración se tranquiliza, un pensamiento asalta mi cabeza:

¿Podía haberlo hecho de otra manera? Mi respuesta es clara: si.

Pero no lo hice. Y el desenlace me ha dado paz y serenidad.


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