Desastre artificial

1–2 minutos

Paseo por los confines de mi soledad. Tan solo iluminada por mi lámpara halógena color cálido.

Para mitigar el pálido de mis sueños que ahora están tirados por los suelos. En los infiernos de las vías del tren. Cascotes y restos que albergan la vida que jamás debió ser derramada en esas traviesas.

El viaje que debería haber continuado intacto. El destino de tantas personas atravesado por negligencias y errores continuados.

Esos niños que no tendrán a su madre.

Cuando tengan su siguiente decepción.

O pinten ese dibujo donde su madre tenga una corona de estrellas iluminada por el cielo eterno en el que ahora descansa.

El primer amor. El primer desamor.

El dilema de decidir dónde y qué querrán estudiar. Los esfuerzos y la vida que pasará.

Sus hijos. Sin poder conocer a su abuela ya.

Los abrazos que se quedan sin dar. Las palabras que no volverán a escuchar de sus labios.

Las risas que no se escucharán más en esas cuatro paredes.

Vidas torcidas por un camino de vía estrecho. Algo que jamás debió ocurrir.

Y que no deberá volver a pasar.

Descansa en paz, Marta. Que toda la calidez y paz que diste en vida te acompañe en el mundo eterno donde nada se olvida.

Tus pequeños, Alma y Dario, siempre encontrarán a alguien dispuesto a hablarles de la sonrisa de su madre.


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