Y una nueva ilusión, apareció

2–3 minutos

Una broma. Para darme su número de teléfono.

En fin.

Estuvo jugando a las adivinanzas conmigo. Como queriendo tomarme el pelo.

Me prometió invitarme a una cena si acertaba el último número de su teléfono. Y vaya que lo acerté.

Ese último dígito sería mío si o si.

Lo encontré. El 7. Justo cuando él estaba a punto de darse por vencido.

Yo lo acerté (por mucho que él siempre me vacile diciéndome que me lo dijo él antes).

Bromista, gracioso y con una bonita voz. Con ese salero que tanto me gusta a mi.

Esta vez, vasco 🤪🤪

Los días que precedieron a la primera cita fueron deliciosos. Algunas fotos que volaban por el chat. De esas de ver una sola vez.

A saber qué nos mandamos 🤭🤭

El día que nos conocimos… en fin.

Un café caliente que no paraba de calentarse mientras nuestras miradas no sé desviaban.

Bueno, la suya tal vez unos segundos para mirarme el escote.

Era algo tarde cuando le ofrecí dar un paseo. Daba igual.

Con la noche sobre nuestras cabezas, nos dimos el primer beso.

Besaba bien. Despacito y como me gusta a mí.

La cuesta hacia arriba en dirección a mi barrio estuvo llena de risas y algún que otro empujón.

Parece que estás borracha de tanto que te ríes – me dijo mientras él también se reía.

No pude ni enseñarle la casa.

Ese somier chirriante lo escuchó todo el vecindario.

Y luego, se me quedó dormido en los brazos. La baba la caía y yo se la sequé despacio.

Esa semana ya quiso verme el miércoles. Yo estaba demasiado cansada.

Me dijo que podía darme un abrazo y ya. No hacía falta que hiciéramos nada mas.

Le dije que mejor otro dia. Tendré que hacerme la interesante ¿No?

El viernes cenamos juntos. Y me fijé que escuchaba con atención lo que yo le contaba. Eso me gustó.

Luego, otro paseo hasta las escaleras mecánicas donde me abrazó. Así como por detrás. Me besó el cuello y me rodeo la cintura.

En mi casa, casi a oscuras, nos devoramos varias veces.

A mí él me gusta mucho.

Yo a él… Ni idea.

Disculpame, ávido lector de mis sospechas. Seguro que yo no soy para él más que un divertimento.

Aunque me manda mensajes diarios.

Ya.

Sé que eso no significa nada. Lo sé por experiencia.

Seguramente en menos de tres meses esté descartado o fuera de mi vida.

Se que soy una chica genial, pero nadie se queda.

Y el que quiere quedarse, no me atrae. Vaya unas narices.

Bueno, que aquí estoy de nuevo. Escuchando una canción que me recuerda a él y escribiendo con una sonrisa en la cara.

Me meteré otra hostia. Pero bueno, que me quiten lo follao bailao.

Intentaré mantener mi mente fría y disfrutar del momento. Pero ya te digo yo que cuando un hombre me hace click, poco puedo hacerle ya.

Tras muchas caras y cuerpos conocidos, hacia meses que no me ocurría.


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