Deseas amor más que nada en este mundo. Compañía, cariño. Palabras románticas.
Momentos inolvidables a la luz de las velas. Una velada increible y vino del bueno. Una noche tórrida con miradas y caricias lentas.
Y cuando alguien viene dispuesto a ofrecerte todo eso, sales corriendo.
Creo que ya se lo que deseas. Tener amor sin responsabilidad.
Solo sentir lo que tengas que sentir y que esa persona coja el coche y se vaya a su casa, tan tranquilo. Y hacer tu lo mismo.
Sin explicaciones, sin peros, sin excusas. Solo él y tú. En un espacio reducido diciéndoos al oído todo lo bonito que hay en vuestras moradas.
Y al terminar la noche, olvidaros de quienes sois y que os conocéis.
Con esa confianza peligrosa de quienes tienen demasiada historia juntos y no pueden hacer como si no se conocieran.
Sin presentación a la familia ni a los amigos. Sin planes de futuro. Solo los que vayan surgiendo.
Por eso estaba tan bien contigo. Porque me dabas amor sin compromiso. Sin una jaula en la que sentirme atrapada.
Porque si. Aunque no lo parezca, tengo miedo al compromiso. A sentirme de nuevo sin salida. Sin más emoción que la del novio de siempre, en la casa de siempre y en la rutina de siempre.
Me asusta más morir así, en esa vida sin sal ni azúcar que completamente consumida por tus vaivenes constantes.
Porque es mejor sentir que me muero y revivir con cada mensaje que estar constantemente anestesiada por una vida estable y predecible.
Con un amor sano que siempre me hace enfermar.
Prefiero tu enfermedad que así, al menos muero de algo.


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