Esta foto fue tomada unos segundos después de la decisión. Me dejó el corazón dolorido y cargo de conciencia.
Seguramente podrás pensar que no debí hacerlo, que te dije que no lo haría. Lo que pasa es que cuando vi de nuevo tu nombre en el móvil, me dio un vuelco al corazón.
Tuve la certeza silenciosa de que no iba a poder seguir si te tenía ahí.
No te odio, jamás lo haré.
Pero a día de hoy tampoco me importa si lo entiendes o no.
Solo debo pensar en mí y seguir adelante.
Romper todo contacto y centrarme en mis emociones, mis deseos y lo que tengo a mí alrededor. Mi familia. Mis niñas. Amigos y amigas. Créeme que me costó hacerlo.
Qué noté un peso invisible en el pecho cuando le di al botón. Porque ya no había vuelta atrás. El pasado es pasado y ahí debe quedar.
Nuestra historia no dio más de sí, estaba agotada ya. No había nada más que hacer en esa habitación. En la esquina de esa cama donde, desnuda y vulnerable, te di aquel último abrazo.
Cuando te fuiste y el portazo sonó como una sentencia.
Una decisión.
La tuya y la mía.
Despedirse y seguir escribiendo.


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