Me gustaría tanto que supieras cómo son mis días ahora.
Que ya no estoy en mi trabajo anterior. Que me echaron. Encontré uno nuevo a los pocos dias.
Mejor sueldo. Mejores condiciones. Mejor horario.
Me encantaría que supieras que estoy a punto de tender la ropa. Que esta semana estoy sola y me siento sola.
También contarte que ha habido alguien que se ha fijado en mi. Y que yo me siento culpable por no poder darle el amor que se merece.
No sé por dónde seguir narrando. Yo sigo siendo la misma, pero diferente.
Sigo queriéndote, mucho. Y no entiendo porqué te cuento estas cosas.
Si yo solo debo ser una sombra en tu pasado.
Estoy soltando.
Así es mi vida ahora. Todo el día pensando en millones de cosas. Sin que apezcas ni un segundo en mi cabeza.
Y solo basta una canción, una luna llena en el cielo o una escena estupida en una película para que interrumpa mi colada y simplemente escriba.
Te escriba. O me escriba a mi.
Me gustaría pensar que no me voy de tu vida siendo alguien indiferente para ti. Que algo de cariño me guardas.
Al menos por ese desayuno.
Al menos por esos besos que te di en la nariz.
O por ese abrazo mientras dormias. Igual sentiste mi beso en tu espalda. En sueños, al menos.
Perdona mi emoción. Tal vez termine borrando este texto.
Exagerada e intensa.
Pienso mientras una lágrima salada emborrona las letras de mi blog.
No alcanzo a entender qué me pasó. Cómo llegué a ese nivel de sentimiento.
No lo sé. Y puede que esto que escribo sea solo una enajenación transitoria.
Algo que plasmo para que, si lo lees, pueda acariciarte el cariño que te tengo. Espero que te sea agradable y que lo sientas.
Si quieres. Si puedes. Si debes.
No tengo respuestas a todas mis preguntas. A algunas que te hice. A otras que me hago yo.
Solo se que lo que más amé de ti, fue a mí misma amándote.
Y qué espero encontrar esa ternura perdida en tu, en otra mirada.
La sigo buscando.


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